Mira por la ventana. El huracán se aproxima lentamente. Aún está lejos pero puede intuir la destrucción obervando el vuelo de los múltiples trozos pertenecientes a muchos todos ahora irreconocibles. Sus ojos muestran más asombro que miedo. Aún está en esa edad en la que uno se siente inmortal y en la que el asombro embellece la cara en lugar de deformarla.
¿Cómo podía saber que ocurriría ésto? El hombre del tiempo no dijo nada dice medio en serio, medio en broma. Ella le dedica su mejor cara de odio. Él se encoge de hombros y se tumba en la cama. Sólo suena el ruido de las persianas. Parece que nos están pidiendo pasar a la habitación. Dice de nuevo él. Ella está sentada en una silla próxima a la cama.Tiene las manos en la cara y parece que niega con la cabeza. Debe estar preguntándose algo parecido a ¿Por qué no se calla? o puede que esté cuestionándose decisiones pasadas, que tienen consecuencias en el presente, ¿Por qué acepté su propuesta?
Hace unos minutos la tormenta estaba dentro de la habitación. Quizá por eso no escucharon, o simplemente obviaron, las alarmas y el típico ruido que se produce durante un desalojo. Todo era un ruido unificado que impedía escuchar, o pensar, nada. Ahora todo sigue siendo ruido. Es el ruido que debe escucharse en un desierto por la noche sumado al ruido de muchos objetos chocando contra otros. No existe coherencia o atracción en el movimiento de éstos. Todas las leyes físicas han sido anuladas hasta nueva orden. Uno de éstos objetos golpea contra una de las persianas. Al escuchar el estruendo ella salta asustada de la silla y se tumba junto a él en la cama. Él le da la mano y la tranquiliza con mentiras. No va a pasar nada. Ella asiente y decide creerle por última vez.
El horror continuó hasta la mañana siguiente cuando los vecinos volvieron a la ciudad para evaluar los daños. La prensa no perdió ocasión y entrevistó a varios de los supervivientes de la catástrofe "Nunca he vivido una guerra, pero aquello lo parecía. Era como un tiroteo; los techos, árboles partiéndose... Sólo se oía un zumbido terrible". Donde ayer había un pueblo hoy sólo hay un esqueleto. "¿Qué le vamos a hacer?. Son cosas de la naturaleza" Declaraba, llorando, otro de los supervivientes.
Turnedo - Iván Ferreiro
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